De nuevo en la isla de Tenerife nos proponemos a visitar algunas granjas en la zona de La Laguna. Como la explotación de P., una pequeña granja de 250 conejas madres dividida en dos naves, una para las madres y los recién nacidos, y la segunda nave para el engorde.
P. no duda en enseñarnos crías recién nacidas, apenas con dos o tres días de vida, con muchas heridas en el cuerpo o sin orejas debido a las mordeduras de su madre. En sus palabras: “la madre, como es primeriza, lo muerde porque piensa que son ratones. Estos lo más seguro es que mañana los sacrificaré. Y al siguiente parto si los vuelve a morder la coneja, desaparece, va para el matadero, porque para qué la quiero, si la cuestión de ella es sacar conejos y no saca sino los muerde…”.
Vemos cómo P. rocía con azufre a los gazapos recién nacidos, ante los chillidos de estos. Observamos cómo saca los cadáveres de crías que no han mamado lo suficiente y han perecido entre sus hermanos. Entonces las crías muertas son tiradas a los gatos que en pocos minutos engullen a los recién nacidos.
Observamos mucha suciedad en las naves, el granjero nos comenta que las deyecciones son retiradas de dentro de las naves una vez al año. La nave por dentro está llena de pelo de conejo. Vemos a una madre con todo el cuello pelado a causa del contacto con el comedero cada vez que acude a alimentarse.
P. sacrifica los conejos en el matadero insular, sin embargo nos confiesa que ilegalmente vende conejos a bares, restaurantes y a carnicerías de la zona.